Lo que cambia cuando alguien escribe quince minutos por día
Estos son comentarios de lectores que sostienen la consigna diaria desde hace meses. No son testimonios de marketing: son notas que llegaron por correo y que citamos con permiso, sin retoques.
Marcela, taller de los jueves
Llegué al grupo de Almagro sin haber escrito nada desde la facultad. La consigna de quince minutos me sacó la excusa de "no tengo tiempo". Ahora escribo antes del café, en un cuaderno chico que llevo en la mochila. Lo que cambió no fue la cantidad: fue darme cuenta de que podía empezar sin saber adónde iba.
Julián, lector del envío diario
Leo la frase en el colectivo y el microensayo a la noche. Lo que más me sirve es la lectura en voz alta que proponen en el taller: descubrí que casi todas mis frases se caían en la tercera línea. Corregir eso me llevó dos semanas, pero ahora releo lo que escribo antes de guardarlo.
Yudelka, taller virtual desde Santo Domingo
Me sumé a los encuentros virtuales porque en mi ciudad no hay talleres de este tipo. La parte que más me ordenó fue el archivo por temas: empecé por memoria y después seguí con vínculos, sin respetar el orden de publicación. Volver sobre piezas viejas me hizo ver cosas que la primera vez no había notado.